08 enero 2011

Apasionnatta.

Un día me contó la lluvia que fue testigo del más loco impulso de amor que jamás sus gotas vieron. Arreciaba. Los cristales temblaban ante la tempestad. Pero aun así. Dos locos enamorados corrían alborotados tratando de esquivar las gotas de lluvia. Cuando el corazón comenzó a latirles tan fuertemente que competía con el rugido de la terrible tormenta, se detuvieron. Allí. Junto a una farola. Allí.

Se acercaron. La lluvia les tenía calados. Hasta en los huesos sentían la humedad. Pero ellos sonreían y parecían no darse cuenta. Él la besó. Así. Sin más. Y ella simplemente le abrazó. Se quedó así. Y un cosquilleo le recorrió la espalda. Le susurró al oído cosas que ni la lluvia fue capaz de escuchar. Palabras mudas. Y besos. Muchos besos.

La lluvia fue testigo del fogoso encuentro entre los amantes. Sonrieron. Y sonrieron.