18 enero 2011

Prólogo de ~ 16 de Mayo de 2008 ~

Prólogo

La lluvia golpeaba el cristal. El ambiente de la habitación era cargante, demasiado húmedo y con un intenso olor a vainilla y canela. Me mareé ligeramente. El agua estaba fría, y la espuma casi había desaparecido. Había pasado mucho tiempo en el baño, quizá más de lo que debía. Lo último que quería era otra bronca.   

Me levanté de la bañera, cansada y adormilada, y cogí la toalla. Bueno, más bien lo intenté, ya que la toalla atravesó limpiamente mi mano.
Por supuesto, estaba tan agotada tras mi relajante baño que creí que me había traspasado. No habría calculado bien la distancia. Sonreí para mí misma y lo volví a intentar, esta vez poniendo más cuidado. Pero la toalla me traspasó de nuevo, ni siquiera sentí la felpa morada en mis arrugados dedos. No lo entendí.
Estaba claro que estaba muy dormida. Me abofeteé un poco, me pellizqué las mejillas y me di unas tobitas en la nariz. Estornudé. Abrí los ojos exageradamente y bostecé. Me decidí a coger la toalla. Ya estoy despejada y despierta.

Pero para mi estupor, logré lo mismo que las otras dos veces, es decir: NADA.
Me empecé a asustar. No sabía qué pensar. Yo estaba perfectamente consciente. Sólo era capaz de mirar el toallero, como si estuviera ida, y sin saber a qué se debía aquel horrible efecto visual. El agua de la bañera estará fría, me vendrá bien.

Me giré.
Mi mente se quedó en blanco.
- … –No dije nada, ni siquiera grité. No. Ahora me daba cuenta de que no estaba consciente, una persona consciente no vería aquello. Me horroricé. Sentí como me quedaba fría y abrí desorbitadamente los ojos.
Inspiré. Expiré.
Cerré los ojos con fuerza para ver si así desaparecía aquella desagradable y antinatural imagen. Pero no fue así. Al abrir los ojos de nuevo nada había cambiado. Ahí seguía mi cuerpo inmóvil en la bañera, flotando.