28 enero 2012

Acabásemos.

Creció en un agujero pequeño como el ojal de una aguja. Nació con su primer beso. Y murió cuando ella marchó. Se reencarnó en una canción que triunfó más allá del gran océano. Y se perdió entre viejos LPs guardados en un antiguo desván. Fue redescubierto por un ansia atroz de recuerdos. Y renació como eco en una casa demasiado grande para una sola anciana. Se ahogó con las primeras lluvias de Abril. Pero se recuperó con los soles de Julio. Las nieves de Diciembre borraron sus acordes. Y alguien decidió convertirlo en luz.

Así, nuestro amigo, pervivió. Continuó. Y nunca desfalleció.

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