Un coche desdibujó su silueta en un abrir y cerrar de ojos.
-¡JULS!
Corrí hacia el sitio donde se había desplomado segundos atrás. Sus piernas estaban dobladas en un ángulo atípico. Sus ojos carecían de expresión.
-Juls. ¡JULS! ¡DESPIERTA!
Le zarandeé. Noté humedecerse mis manos. Oh no. Gotas de sangre tiñeron mis palmas sudorosas.
Observé con atención para descubrir la herida. Tenía una contusión muy fea en la sien izquierda.
-Por favor. Por favor...
Ahogué mis súplicas con un sollozo. Dejé fluir las lágrimas. Palpé su pulso. No lo encontraba.
-No me dejes. ¿ME HAS OÍDO? ¡JULS!
Era inevitable. A cada milésima de segundo que el reloj avanzaba, su vida se deslizaba calle abajo y se perdía entre el asfalto aún caliente.
Lloré. Lloré como nunca antes había llorado en toda mi vida.
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